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Fases de la sexualidad infantil

 Cuando nuestro ilustre Freud, padre del psicoanálisis, nos dice que la mayoría (para no citar todos) de nuestros problemas de relacionarnos vienen de la infancia, necesitamos por lo menos en parte, estar de acuerdo con algunas de sus consideraciones teóricas.  Tomemos como punto de partida la sexualidad infantil.  Somos seres sexuados, nacemos con un sexo o masculino o femenino, la sexualidad crece con nosotros y nos acompaña hasta el fin de nuestras vidas.  Cómo iremos a lidiar con nuestra sexualidad ya es un capítulo aparte de todo ese proceso sexual que motiva al ser humano.
 Pero una cosa es segura: Es al comienzo de nuestras vidas, en la infancia, que todo empieza, inclusive  el descubrimiento de la sexualidad, y ahí sí nace la raiz de nuestra vida sexual, que  traerá o no dificultades para nuestra vida adulta.
 Los problemas y/o dificultades encontrados por nosotros son, en su mayoría, los reflejos de algunas etapas mal resueltas en nuestra infancia.
¿Y qué etapas son esas que ayudan a construir nuestro caracter y formar nuestra personalidad?
 Esa discusión  abordará estrictamente el punto de vista psicoanalítico de Freud, ya que fue él quien descubrió los principios encontrados sobre la teoría de la sexualidad y su íntima relación con la construcción de nuestra personalidad.
 Repasando un poco sobre dos descubrimientos de Freud sobre la sexualidad infantil.
 La líbido, que  es  una especie de energía sexual, atraviesa algunas fases en el desarrollo neurofisiológico del niño, hasta que éste se combierte en un adulto competente para la realización del acto sexual.
 Las fases y sus características:
  ·Fase oral: de cero a un año de edad.  Esa etapa oral de organización de la líbido constituye el primer momento del desarrollo psicosexual, donde todo y cualquier placer es sentido por la boca.  Freud nos dice que el objeto de satisfacción de esta etapa es el seno materno, que cada niño establece una relación definida por la succión.  El alimento, la leche materna y/o la mamadera pueden producir agrado, con la deglución, al tragar, o el desagrado, como evacuar.  Y esas dos formas de actividad oral, son los prototipos de muchos trazos de caracter que pueden aparecer más tarde.
  -Fase anal: de 2 a 3 años de edad, también tiene como característica fundamental la búsqueda del placer, por lo tanto ese placer ahora, se localiza de la boca al ano y recto, o sea, el placer es sentido ahora en el momento de la evacuación.
Es en el segundo año de vida, que el niño sin abandonar completamente el placer oral, comienza a sentir las excitaciones provenientes de la zona anal, que provienen del juego fecal y mictorio.  Durante la evacuación, el niño mantiene las nalgas en contacto con la orina aún caliente y excrementos pastosos y le proporcionan sensaciones agradables.  Y lo contrario también existe, o sea, el niño demuestra señales de malestar cuando la orina y los excrementos comienzan a enfriarse en su cuerpo, en cuanto el aprendizaje de la higiene y la educación exige por parte del niño, una cierta regularidad de la limpieza, entonces se impone una norma doble:
- El niño no debe ensuciarse con excrementos y orina;
- Las evacuaciónes deben efectuarse en horas mas o menos establecidas.
De esta manera, tendremos como resultado de este proceso en la mayoría de los niños una cierta adaptación a esas exigencias, asumiento el placer de figuras en la estima de los padres.  Son inumerables los trazos de caracter que tienen su origen en la etapa anal.
  -Fase fálica: esa fase tiene su inicio al término del segundo año de vida, cuando el niño comienza a renunciar al placer obtenido en la manipulación de los contenidos fecales.  El paso de la fase anal a la fase fálica no se da de manera espontanea.  Ocurre cuando el niño se ve obligado ,en nombre de una estetica (“sucio”, “feo”, “caca”), a abandonar su objeto de placer: las heces.  Este abandono sólamente  puede ser efetuado con éxito, cuando la madre y/o la persona que lo cuida, se revela una persona amable, o sea, capacitada a sustituir las heces tenidas hasta el momento como objeto de satisfacción.
 Para chicos y chicas, el desarrollo de la organización de la líbido ocurre en general, de manera idéntica, o sea, no hay diferencia sexual.  Es prácticamente inexistente la separación psíquica de los géneros masculino y femenino.
 Para el niño, en la fase fálica, existe “un solo órgano”, o más precisamente una única especie de órgano sexual:  el “falo”.  En psicoanálisis el término falo conserva el significado de la expresíon greco-latina.
 Necesitamos entender que falo no es pene.  Significa precisamente un órgano genital común en su especie al género humano, tratándose consecuentemente de un órgano esencialmente imaginario.  Es comun que chicos y chicas vislumbren respectivamente, este falo en el pene o en el clítoris.  Podemos pensar entonces, que el niño comienza una  atribución al placer en la región genital, que proviene de las excitaciones provenientes de la micción y que trae una creciente importancia en la manifestación de la sexualidad.  Y finalmente, viene la fase del complejo de Edipo, que es nada más que la constitución central de la teoría freudiana de la personalidad.  La historia de las fases del desarrollo, que marcan de forma tan nítida el caracter humano, es la historia de este acoplamiento materno-infantil: fases oral, anal y fálica.
 El niño experimenta en la fase oral una simbiosis con la madre y/o persona que lo cuida, ya que ésta es la única forma alternativa de supervivencia, si no tuviéramos los cuidados de terceros, podríamos morir.  Debido a eso, somos obligados de una manera o de otra a crear vínculos emocionales para que esa madre y/o cuidadora venga a atendernos.  Podemos verificar con eso, que el autismo es una de las posibles consecuencias de ese proceso, en el caso de que no exista ese vínculo emocional, esa simbiosis necesaria a la fase oral del niño.  Ya a los dos años, el niño está pasando a la fase anal, donde va a aprender a relacionarse con el mundo, tanto en la absorción como en la expulsión de contenidos a través de las heces.  También en esa fase, el niño ya posee el lenguaje, la percepción de que existe el otro (aunque la visión sea totalmente egocéntrica).  Si el paso por esa fase es establecido de forma mal administrada, puede transformar a esos niños en adultos con comportamientos de tiranías con manifestaciones de poder.
 Y a los tres años de edad aproximadamente, el niño está pasando por la fase fálica, donde existe una delineación sobre la percepción de papeles en la sociedad.   Comienza entonces un modelo cultural y también los pre-conceptos de lo que es ser chico o chica.  Se instala en esa fase, la noción de poder y el aumento de interés por el proprio cuerpo, principalmente por los genitales, manifestándose a través de la masturbación, del exibicionismo, y por la tendencia a tener mayor contacto fisico con el sexo opuesto.  Surgen también fantasías sexuales que generalmente estan asociadas a la masturbación.  Cuando esa fase fálica es mal administrada, puede generar adultos con comportamientos bisexuales o hasta de psicopatía.
 Con la llegada de la fase genital, más conocida como el complejo de Edipo, cada niño  hace su papel, haciendo una interacción con su progenitor del mismo sexo y actuando de manera más hostil y seductora con su progenitor del sexo opuesto en un juego de aprendizaje.
Cuando existe algo de conflicto en esa etapa de la vida del niño, o sea, cuando existe por parte de uno de los padres y/o cuidadora, comportamientos de hostilidad y hasta ausencia, el aprendizaje de esa fase sufrirá daños psicológicos y consecuentemente se reflejará directamente en las relaciones sexuales futuras.
 Conseguimos llegar a la esencia de la cuestión, pues al relacionarnos sexualmente con alguien, estamos siempre redescubriéndonos a través de ese alguien que elejimos, como si el otro fuera un espejo y así vamos asimilando, reconociendo o hasta diferenciando ese otro en nosotros.
Lo que ocurre en verdad es, en lenguaje más simple para una buena compreensión, que o conseguimos retirar todo el placer que cada fase proporciona (y nos volvemos adultos emocionalmente saludables), o nos fijamos a una o más fases generando la falta de entrega emocional y distrubios en las relacioness.
 De cualquier forma, es en nuestras relaciones íntimas que estamos siempre en una búsqueda continua e inconsciente, de rescate de nuestra resolución edípica, para hacernos seres humanos auténticos en la búsqueda del placer y satisfacción plena y feliz !


Adriana Sommer
Sexóloga


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