En la excitación sexual confluyen cuestiones físicas, psicológicas, sociales...
Sexualidad y afectividad van íntimamente ligadas y cabe hablar de una excitación sexual fisiológica, en la que bastan las caricias o la estimulación del pene para conseguir una erección, como también el factor afectivo y la fantasía para concurrir decisivamente en la excitación sexual.
El glande en el hombre y el clítoris en la mujer son extremadamente sensibles por la infinidad de terminaciones nerviosas que contienen, son las zonas erógenas por excelencia.
En general, toda la región genital es una zona erógena, como también lo son el pecho, las nalgas, el ano... y no hay que olvidar el papel de la boca en el erotismo.
En función de las peculiaridades de la persona y de su estado de excitación, cualquier parte del cuerpo puede convertirse en una zona erógena.
En la estimulación de las zonas erógenas, no hay una regla fija, aunque la forma más universal de estimulación es la caricia, ya que su objetivo es producir sensaciones placenteras y excitantes, aunque también son corrientes otras prácticas como el beso, pellizco succión...
Cada persona tiene su propio lenguaje sexual, en el hombre, la excitación se manifiesta claramente con la erección, que hace que el pene se extienda y endurezca. En la mujer se produce algo parecido aunque mucho menos visible y se segrega un líquido lubricante.
La excitación sexual también se manifiesta mediante otros signos, como rubor, aceleración del ritmo cardiaco y respiratorio...
También se puede dar excitación sexual a través de los otros sentidos, sobre todo el de la vista.
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